
La vida en Bruselas tiene una serie de aspectos surrealistas que merece la pena reseñar. Uno de ellos, la "laundry". Lo de tener una lavadora en casa parece ser un lujo secundario, al que se anteponen el internet inalámbrico y al televisión por cable. De ahí que, cada X tiempo, haya que cogerse mochilas e historias para ir con sábanas, toallas, ropas sucias y demás hasta dos manzanas más lejos de tu casa para meter la ropa en la lavadora, esperar media hora leyendo y, tipo las pelis, hablando con el de al lado. Lo que no pensábamos mi amiga y yo es que, tras una cervecita en el bar de enfrente para hacer tiempo, iban a cerrar la lavandería y sacarnos la ropa chorreando forzadamente sin dejarnos tiempo para meterla en la secadora.
Así que tuvimos que montar un interesante chiringuito en nuestra casa -documentación gráfica aquí adjuntada- y dormir sin sábanas ni nada con mil jerseys esa noche. Y, otro asunto que merece la pena ser explicado es el "fenómeno basura". Aquí no existen los contenedores. Hay un día a la semana -diferente para cada calle- en el que puedes sacar tu bolsa de basura a la calle dejando un agradable hedor y bonito paisaje adornando la calle. Todo esto, claro, con bolsas específicas que hay que comprar previamente y que son bastante caras. Las españolas, que nos las damos de listas, pensamos "bueno, si no podemos más con el olor en la cocina (porque, de hecho, es horrible), bajamos un día por la noche y la dejamos tirada, ¿qué nos van a hacer?". Total que nos enteramos de que si no sale el culpable, ¡¡¡multan a todo el neighborhood!!!. En fin...como en España, en ninguna parte. Nuestros caseros se han ido hoy de vacaciones a Peñíscola, así que tenemos una casa gigante para nosotras: ¡venid a visitarnos!